Cómo la acidificación de los océanos está cambiando el equilibrio del planeta
Los océanos son el motor invisible que mantiene la vida en la Tierra: regulan el clima, generan oxígeno y sostienen ecosistemas que nos alimentan y protegen. Pero este equilibrio, que parece inalterable, se enfrenta a un desafío silencioso: la acidificación oceánica. Este fenómeno se debe al exceso de dióxido de carbono (CO₂) en la atmósfera y pone en riesgo la vida marina y la estabilidad climática y económica global. Por lo tanto, se trata de un proceso que avanza lentamente, pero con efectos significativos para la salud del planeta y de todos los seres que vivimos en él.
¿A qué se debe la acidificación de los océanos?
Los 5 grandes océanos que componen la Tierra son los reguladores del clima y las principales fuentes de vida para millones de especies, incluida la nuestra. Desde la Revolución Industrial, hemos lanzado a la atmósfera grandes cantidades de CO₂, pero los océanos de nuestro planeta han absorbido buena parte de ese exceso para amortiguar el impacto del cambio climático. Tanta generosidad oceánica tiene un precio: cuando el CO₂ se disuelve en el agua, se transforma en ácido carbónico y reduce el pH. Según la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA), el pH medio ha pasado de 8,2 a 8,1 en apenas dos siglos. ¿Parece un cambio minúsculo, verdad, ecólatras? Pues supone un incremento del 30 % en la acidez. En términos químicos es un incremento enorme y sus consecuencias son devastadoras.

Además, la acidificación está estrechamente ligada al calentamiento global, ya que las aguas más cálidas aceleran la absorción de gases y alteran la química marina. Por lo tanto, aparte de absorber carbono, el océano también regula la temperatura y produce oxígeno. Si pierde esas cualidades, el equilibrio climático se rompe y los efectos negativos se multiplican.
Impactos en la vida marina y en el equilibrio global
La acidificación no es solo un dato químico para friquis de la ciencia, sus efectos se extienden desde la base de la cadena alimentaria hasta la estabilidad climática global:
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Falta de organismos calcificadores: la acidificación afecta a aquellas especies que construyen sus estructuras a partir de carbonato cálcico, como corales, moluscos y crustáceos. Los arrecifes de coral son los que más sufren, ya que la reducción del pH disminuye la disponibilidad de este compuesto, esencial para formar sus esqueletos. Según National Geographic, los arrecifes podrían reducirse drásticamente antes de 2100, afectando a miles de otras especies.
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Efectos en peces y depredadores: también altera la fisiología y el comportamiento de los peces, incluso les quita habilidades sensoriales. Además, los tiburones, esos gigantes que parecen invencibles, sufren debilitamiento dental. ¿Quién diría que el “rey del océano” acabaría con problemas en los dientes por la acidificación de los océanos?
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Alteración del fitoplancton: estos diminutos organismos vegetales, responsables de generar gran parte del oxígeno que respiramos y de capturar CO₂, también se ven afectados. Fundación Aquae advierte que, si el fitoplancton disminuye, el ciclo del carbono se romperá y regular el clima se convertirá en un auténtico desafío para el planeta.
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Consecuencias socioeconómicas: la pérdida de especies marinas repercute en la pesca comercial y artesanal, afectando la seguridad alimentaria de millones de personas y la forma de vida de muchas comunidades costeras, que dependen de estos recursos.
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Impactos climáticos globales: cuando cambia la química del océano, se altera el ciclo del carbono y eso contribuye a fenómenos extremos como huracanes más intensos, sequías prolongadas y subida del nivel del mar.
Según el Consejo para la Defensa de Recursos Naturales (NRDC) de los Estados Unidos, “la acidificación es el otro gran problema del cambio climático, menos visible que el aumento de temperatura, pero igual de peligroso”.
¿Qué podemos hacer para frenar esta amenaza?
Ecólatras, tenemos dos grandes objetivos generales: reducir las emisiones de CO₂ y proteger los ecosistemas marinos.
El primero exige un cambio global que pasa por apostar por energías limpias y dejar atrás la dependencia de los combustibles fósiles. La expansión de la energía solar y eólica en países como España o el impulso de la movilidad eléctrica en nuestras ciudades son pasos en la dirección correcta, pero aún insuficientes frente a la magnitud del problema. Cada vez más países y empresas se suman a este camino, pero necesitamos que el ritmo sea mucho más rápido.
Además, ecólatras, mientras miramos hacia el futuro, debemos cuidar lo que ya tenemos. Restaurar arrecifes y praderas marinas es vital, porque protegen nuestras costas frente a tormentas y erosión, también capturan carbono y sirven de refugio para miles de especies. Sin ellos, el océano pierde parte de su capacidad para equilibrar el clima.
Ahora bien, no todo depende de gobiernos y grandes proyectos, nuestras decisiones cotidianas también cuentan. Pequeños gestos como reducir el consumo de plásticos, elegir productos locales y exigir políticas sostenibles marcan la diferencia. Puede parecer insignificante, pero si millones de personas lo hacemos, el impacto es enorme.
Por supuesto, la ciencia sigue siendo nuestra mejor aliada. La IAEA y organizaciones como Fundación Aquae trabajan para monitorizar el pH oceánico y comprender mejor sus efectos. Estos datos son esenciales para diseñar soluciones, pero no basta con informes y gráficos, necesitamos educación y conciencia social para que la gente entienda que la acidificación es un problema global y urgente. Como señala National Geographic, “la salud del océano es la salud del planeta”.
Tres olas de esperanza para nuestros océanos
¡Los ecólatras no se rinden cuando se trata de proteger mares y océanos! Aquí os dejamos algunos proyectos que están marcando la diferencia:
- Guardianes de la NEA: esta comunidad se ha propuesto proteger la biodiversidad marina en la costa asturiana a través de limpiezas de playas, talleres educativos y acciones que unen a vecinos y visitantes.
- Una nueva historia: dar una segunda vida a lo que el mar devuelve: este proyecto transforma los residuos que el mar arroja en piezas únicas, demostrando que la creatividad también puede salvar océanos. Cada objeto cuenta una historia y nos recuerda que la economía circular empieza en nuestras manos.
- Oceans4Life: Trash Trackers Comunidad: un colectivo que no solo limpia playas, sino que rastrea y analiza los residuos para entender su origen y frenar el problema desde la raíz. Tecnología, ciencia y acción ciudadana se unen para que cada limpieza sea un paso hacia mares más sanos. ¡Así se construye el cambio!